El gobierno subvenciona el arte y la cultura de muchas formas: concediendo becas a artistas individuales, gestionando museos en propiedad, dando dinero a organizaciones culturales, como en el caso de las orquestas sinfónicas o incluso de los zoológicos.

La excusa para conceder estas ayudas es que siendo el arte y la cultura partes vitales del tejido social e histórico de una nación, el mercado se desentiende de ellas porque no tiene en cuenta los efectos benéficos que su mantenimiento tiene para la sociedad.

Sin la intervención del Estado, algunas manifestaciones artísticas o culturales no podrían sobrevivir por sí mismas en un mercado libre, pero esto lo único que quiere decir es que no hay suficiente demanda.

Afirmar que estas actividades generan beneficio es difícil de confirmar o cuantificar, y nos pone ante el dilema de quién decide lo que merece ser subvencionado y lo que no.

De este modo, las ayudas del Estado para promover el arte y la cultura se convierten en la práctica en una concesión a las élites so capa de una supuesta generosidad.


Jeffrey Miron: Libertarianism, from A to Z.

 

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