Tonto útil, intelectual orgánico, compañero de viaje…, la gente de izquierdas siempre ha tenido una expresión para referirse a pobres tipos como Noam Chomsky.
En el caso de la reciente visita de Chosmky a Gaza, dejémoslo en payaso, en homenaje a Heinrich Böll, ya que ha sido el brazo tonto de los verdes alemanes, la Fundación Heinrich Böll, la que ha montado el criminal esperpento.
Del pobre Chomsky, que está viendo en vida cómo todas sus teorías sobre la lengua se derrumban, al mismo tiempo que crece su fortuna y se hermana cada vez más con tiranos y criminales, poco se puede esperar.
Habrá quien esté tentado de considerar que el apoyo a los yihadistas es producto de una incipiente demencia senil del otrora respetado intelectual judío. No sé.
Es cierto que, con la edad, se pierden cualidades, pero los 20 profesores universitarios que lo han acompañado para dar apoyo a los terroristas de Gaza lo único que ponen de manifiesto es la podredumbre de cierta academia occidental.
Israel and the European Left: Between Solidarity and Delegitimization es un libro definitivo que explica las raíces socialistas del antisemitismo europeo. Algo que todos sabíamos, pero que nadie se había molestado en argumentar de forma nítida.
Su autor es Colin Shindler (Department of the Languages and Cultures of Near and Middle East, University of London), que se remonta a la obra de Alphonse de Toussenel: Les Juifs, rois de l’époque : histoire de la féodalité financière (1845). De Toussenel -discípulo del “socialista utópico” Charles Fourier- es el primero que define el arquetipo moderno del judío como ser malvado que domina el mundo gracias a que controla los capitales financieros. Los define, por tanto, como “enemigos del pueblo”.
Se analiza también con detalle la obra de uno de los fundadores del socialismo moderno, Pierre-Joseph Proudhom, del que se citan toda clase de atrocidades que preludian la Shoah: los judíos como incompatibles con la raza humana, es decir, “pueblo a exterminar” (sic) del planeta o, como mínimo, a meterlo en una reserva en Asia.
Continue reading »
Hace unos días unas cuantas decenas de “activistas” aterrizaron en el aeropuerto de Tel Aviv para participar en una iniciativa pro-palestina llamada “Flytilla”.
Las fuerzas del orden israelíes los retuvieron, los metieron de nuevo en los aviones y los mandaron a su casa.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, les escribió una carta deseándoles buen viaje:
Querido activista:
Apreciamos que hayas elegido Israel como objeto de tu preocupación humanitaria. Somos conscientes de que había muchas otras opciones igual de dignas. Habrías podido decantarte por protestar contra la masacre cotidiana que el régimen sirio ejerce contra su propio pueblo, y que ha causado ya miles de muertos. Habrías podido decantarte por protestar contra la brutal represión del régimen iraní contra los disidentes, así como en contra de su apoyo al terrorismo en todo el mundo. Podrías haber elegido Gaza como lugar de protesta, un territorio en el que la organización terrorista Hamas comete un doble crimen de guerra lanzando misiles sobre civiles al mismo tiempo que los usa como escudos humanos.
Sin embargo, has elegido protestar contra Israel, la única democracia de Oriente Medio, un lugar donde las mujeres son iguales que los hombres, donde hay prensa libre y crítica al gobierno, donde las organizaciones de derechos humanos pueden operar libremente, donde hay libertad religiosa y las minorías no viven con miedo.
Por tanto, te sugerimos que intentes resolver primero los problemas auténticos de la región y que luego vuelvas para compartir con nosotros tus experiencias.
Que tengas buen viaje,
Benjamin Netanyahu
Como ha denunciado Claude Lanzmann en “Contre le bannissement du mot “Shoah” des manuels scolaires” (Le Monde, 30.08.2011), la eliminación de la palabra Shoah del sistema educativo francés (desde ahora hay que hablar de “aniquilación de judíos y gitanos”) supone el triunfo de la banalización del Mal, aparte de un modo de “relativizar” lo que supuso el genocidio de los judíos en Europa.
Esta versión pedagógica del antisemitismo me trae a la memoria un libro publicado antes del verano por Alvin H. Rosenfeld (Indiana University): The End of the Holocaust (2011) en el que se habla del fin de la memoria del Holocausto judío, que poco a poco se está convirtiendo en una perversión kitsch del mal, presentándose, por tanto, como algo abstracto, que ya no se refiere al exterminio de un pueblo concreto por motivos genéticos y religiosos, sino que engloba una genérica metáfora del sufrimiento humano.
Continue reading »
Los habitantes del concejo escocés de West Dunbartonshire no podrán leer las novelas de Amos Oz, ni las de Agnon ni las Appelfeld. De hecho, no podrán tener acceso a ningún libro impimido en Israel.
West Dunbartonshire tiene unos 100.000 habitantes y una política antisemita que hace pensar en la granja de animales de Orwell. Por el momento, es la única zona de Europa que prohibe por ley los libros israelíes.
Como acertadamente dijo Goebbels, Ministro de Propaganda con Hitler, parafraseando a Heine: “Primero tenemos que prohibir los libros, que luego será más fácil quemarlos, para finalmente matar a sus autores”.
Lars von Trier estará encantado con todo esto.
Hace 50 años que la alemana de origen hebreo Hannah Arendt (1906-1975) publicó Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil (1961), un reportaje para la revista New Yorker del juicio que acabó con el ahorcamiento del jerarca nazi, capturado en Buenos Aires por los servicios secretos israelíes.
En ese momento se acuña el concepto de “banalidad del mal” para referirse al Holocausto, y al Mal en general, como fruto de la banalidad del hombre vulgar, más que de la brutalidad diabólica del sádico.
No le faltaron críticas a la autora desde el principio (su amigo Hans Jonas la mandó a paseo tachándola de “ignorante”, y Gershom Scholem la acusó de vender su alma por una frase afortunada). Sin embargo, pocos conceptos han tenido más resonancia desde entonces, pasando a formar parte del acervo de nuestra cultura.
Continue reading »
- Contrautopía es una publicación online de análisis cultural desde una perspectiva libertariana. ISSN: 2000-9445
Qué es ser libertariano
Facebook
Suscripción vía email
Secciones fijas
Temas
Alemania antisemitismo caricaturas ciberactivismo cine comunismo crisis cristianismo cómic educación elecciones Escuela Austríaca España Estado del Bienestar Estados Unidos Este de Europa Francia Gran Bretaña Hayek impuestos indie individuo inmigración Irán islamismo Israel Italia Keynes libertad de expresión libertad de mercado libros música nazismo Norberg Occidente Papa paternalismo políticos pop progres propiedad religión subvenciones Suecia Tea PartyArtículos recientes
- J. Norberg: Chávez no fue ningún libertador
- Paulina Neuding sobre el odio en la izquierda sueca
- Rudbeck sobre Islam y liberalismo
- J. Norberg: Neoliberalismo. Un debate equivocado
- J. Norberg: Semblanza de Torny Segerstedt (1876-1945), liberal, individualista y antinazi
- Pulp Liberalisme. Liberalismo para dummies
- Opiniones de un payaso. Chomsky en Gaza
- La revolución liberal de los “pigeons” en Francia #geonpi
- Michel Onfray no gana para sustos
- Radoslav Sikorski, Ministro de Exteriores polaco: “Por favor, británicos, apuesten por una Europa libre”
Archivo
Ultimos comentarios
- Saul Camacho on El Manifiesto de los 21. Liberar a Francia del socialismo
- gadmin on J. Norberg: “Tintín me convirtió en antirracista”
- Werner on J. Norberg: “El caballo capaz de llevar toda la carga. Innovación tecnológica en Suecia”
- Domovilu on Francia prohibe el uso de la palabra Shoah en el sistema educativo
- Emilio Quintana on Slavoj Žižek ya no tiene gracia
McLeod
