Metro, 24 enero 2013 – Johan Norberg: “Förvirrad debatt om nyliberalism” [Traducción: Emilio Quintana]

Se ha hablado mucho últimamente sobre neoliberalismo en Suecia, a propósito de las propuestas del Centerpartiet sobre libertad de inmigración y bajada de impuestos. O mejor dicho, se le han lanzado acusaciones de neoliberalismo. Pero lo cierto es no hay nadie que se llame a sí mismo neoliberal, ese es un término que usan otros para atacar a los que ellos piensan que son demasiado liberales.

Se trata de un concepto confuso, ya que en buena lógica un socialdemócrata como Göran Persson ha sido llamado neoliberal porque no quería subir más los impuestos. Si por “neoliberalismo” se entiende abogar por una mayor libertad económica y personal -lo que implica que tanto Reinfeldt (primer ministro, conservador) como Löfven (líder del Partido Socialdemócrata sueco, en la oposición) deben permanecer lo más lejos que se pueda de nuestras carteras y dormitorios-, entonces se trata de un término redundante. Estamos hablando simplemente de liberalismo, es decir, de lo que los agricultores, burgueses y trabajadores suecos pensaban sobre la empresa, el libre comercio, la libertad de prensa o la libertad de la migración en la segunda mitad del siglo XIX.

Cuando posteriormente Suecia se convirtió en un gran Estado, elevó los impuestos, fomentó la esterilización a la fuerza, y cerró las fronteras del país, el liberalismo quedó relegado al “basurero de la historia”, como se puede leer en uno de los libros de texto que se usan en la escuela sueca. Se le empezó a llamar “viejo liberalismo” o “liberalismo clásico”, para dar a entender que se trataba de algo similar a una lengua muerta.

Sin embargo, el término liberal, para los amantes de la democracia y la libertad, sobrevivió. Aunque a veces de una forma tan inconcreta que no parece que tenga unos límites claros de definición. El “think tank” Fores hizo un estudio hace algún tiempo que mostraba que 6 de cada 10 suecos se consideran a sí mismos liberales. Este porcentaje tan alto tiene una fácil explicación. Cuando Fores les preguntó que por qué eran liberales, el 50% dijo que no tenía ni idea.

De esta forma, en la década de los 80, cuando se produce un renacimiento del liberalismo clásico más radical, hubo que inventarse nuevas etiquetas. Algunos hablaban de “liberalismo de mercado”, pero esto reduce el liberalismo a una mera cuestión económica. Otros usaban la palabra “libertariano”, que era un término importado del inglés. Pero no cuajó. La mayoría de la gente posiblemente no entendería la diferencia entre un vegetariano y un libertariano. Recuerdo una vez en que un periódico se refirió a mí como uno de los principales “libertarianos” de Suecia; como el editor no sabía qué era eso, lo que publicó es que yo era uno de los principales “libertinos” de Suecia – es decir, alguien que no reconoce límites morales sobre su comportamiento, sexuales, por ejemplo.

¿En qué consiste, por tanto, el neoliberalismo? El concepto tiene su origen en Demain le Capitalisme (1978), un libro del periodista francés Henri Lepage, en el que se habla de un “nouveau libéralisme”. Cuando el libro se publicó en sueco en 1980 esto se tradujo como “nyliberalism” (“neoliberalismo”), dando lugar a un gran debate cultural en la opinión pública, que llevó a que el término se estableciera rápidamente como sinónimo de todo lo malo.

En el fondo, no se trata de otra cosa que de las “viejas ideas liberales pasadas de moda” (“gammaldags liberala idéer”) de las que se quejaban socialistas como Olof Palme, o Ulf Wickbom, que las definió de una forma un poco más elegante: “Es como lo que hacen algunos chefs parisinos, que cogen unas cuantas sobras y te las sirven como Nueva Cocina Francesa”.

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