Sólo hay un modo de devolverle a Francia la esperanza: abandonar completamente el socialismo.

Esta es una traducción al español del escrito que 21 economistas franceses publicaron el pasado 3 de mayo de 2012 en The Wall Street Journal, antes de la segunda vuelta de las elecciones francesas: “The Problem With Hollande. Twenty-one French economists say the country should know better than to elect François Hollande”.

Los autores no pertenecen a ningún partido político, y sus opiniones son personales, es decir, no representan a las instituciones en que trabajan:

François Hollande y sus amigos socialistas son una especie particularmente mendaz y destructiva de demogogos. Dicen que van a ayudarnos aumentándonos el salario mínimo, en vez de liberando nuestras energías; dicen que van a penalizar a los ricos, en vez de estimularnos para que todos y cada uno de nosotros nos comprometamos en un mayor esfuerzo productivo; dicen que van a gastar más para estimular el “crecimiento” -para comprar más consumidores, en realidad-, en vez de dejarnos elegir la forma en que queremos emplear nuestros recursos.

El socialismo no ha funcionado nunca en su forma extrema, el comunismo. Pero tampoco ha funcionado nunca en su forma moderada, la socialdemocracia, como demuestra la Historia reciente. Si algo nos ha enseñado la Historia de Europa, es que la prosperidad está íntimamente relacionada con la libertad económica.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, tras décadas y siglos de reflexiones y experiencias económicas, alguien pueda creer en unas recetas económicas que tienen más que ver con la superstición y la magia que con la ciencia? Es inimaginable en la Europa actual -y mucho menos en Francia- que un Estado pueda manipular una economía del mismo modo que un conductor de trenes maniobra con una locomotora, echándole paletadas de carbón. Deberíamos haber aprendido esta lección, en vez de depositar nuestras esperanzas en que una moneda europea -que nació de la nada, sin ningún valor real- nos iba a hacer más productivos. Ya no hay excusa para dejarnos fascinar por la idea de que un Estado es capaz de generar crecimiento mediante el trámite de gastar más, cuando sabemos que todos los recursos para semejante dispendio salen de nuestros impuestos o de nuestra deuda.

El crecimiento no surge por decreto. Es el resultado de un conjunto de decisiones y acciones imprevisibles llevadas a cabo por un número indeterminado de individuos, todos capaces de esfuerzo e imaginación. El crecimiento sólo puede darse si los impulsos de este número indeterminado de individuos no se ven paralizados por reglamentos, tasas, o por la dependencia del Estado. Este es el camino por el que nos quieren llevar las políticas socialistas de Hollande, con el inapreciable apoyo de sus aliados comunistas y ecologistas. Nos quieren llevar a una Francia incapaz de producir nada que no sea estancamiento, un tasa de desempleo cada vez mayor y pobreza, al mismo tiempo que el peso de la deuda se hace insostenible.

Es trágico que alguien pueda pensar todavía que una vida humana puede mejorar a costa del expolio de otra. Estamos todos conectados, como ciudadanos franceses y como sociedad humana. A todos nos beneficia estimularnos unos a otros para dar lo mejor de nosotros mismos; a todos nos beneficia defender el derecho de cada individuo a una justa recompensa. Francia está padeciendo a causa de décadas de bajo crecimiento y alto desempleo, y lo peor es que toda una generación de jóvenes está perdiendo la esperanza en un futuro mejor.

Es triste decirlo, pero pase lo que pase este domingo, es poco probable que Francia se libre del socialismo -la elección está entre una derecha estatalista que quiere mantener el status quo, y una izquierda visionaria, aún más estatalista. Sólo hay un modo de devolverle a Francia la esperanza: abandonar completamente el socialismo. Dejar que nos aferre todavía más fuerte, como promete Hollande, sería un error de consecuencias fatales.

Florin Aftalion, André Fourçans and Patrice Poncet are economists at the ESSEC Business School in Paris; Jacques Lecaillon, Jean-Didier Lecaillon, Bertrand Lemennicier and Alain Redslob are economists at the University of Pantheon-Assas Paris II; Charles Arnoux, Gerard Bramoullé, Jean Pierre Centi, Liliane Debroas, Jean-Yves Naudet and Anne Tassy are economists at the University of Aix-Marseille; Georges Lane and Pascal Salin are economists at the University of Paris-Dauphine; Jacques Garello is an economist at the University of Aix-Marseille and a board member of the Institute of Fiscal and Economic Studies (IREF) in Paris; Georges Gallais-Hamonno is an economist at the University of Orléans; Guido Hülsmann is an economist at the University of Angers; Henri Lepage is an economist at the Institut Turgot; Alain Wolfelsperger is an economist at the Paris Institute of Political Studies (Sciences Po); Jacques Bichot is an economist at the University of Jean Moulin Lyon III.

 

One Response to El Manifiesto de los 21. Liberar a Francia del socialismo

  1. Saul Camacho says:

    Siempre he creído y seguiré creyendo en la iniciativa propia como la única vía de crecimiento verdadero, no solo del individuo sino de la sociedad en general. Pero es mas que cierto que gran parte de la población prefiere a un estado sobre-protector que le ponga todo fácil, a costa de perder su propia libertad y calidad de vida.

    Es el típico caso del padre que no suelta a su hijo nunca y termina convirtiéndolo en un ser dependiente incapaz de evolucionar como persona de bien para la sociedad.

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