Israel and the European Left: Between Solidarity and Delegitimization es un libro definitivo que explica las raíces socialistas del antisemitismo europeo. Algo que todos sabíamos, pero que nadie se había molestado en argumentar de forma nítida.

Su autor es Colin Shindler (Department of the Languages and Cultures of Near and Middle East, University of London), que se remonta a la obra de Alphonse de Toussenel: Les Juifs, rois de l’époque : histoire de la féodalité financière (1845). De Toussenel -discípulo del “socialista utópico” Charles Fourier- es el primero que define el arquetipo moderno del judío como ser malvado que domina el mundo gracias a que controla los capitales financieros. Los define, por tanto, como “enemigos del pueblo”.

Se analiza también con detalle la obra de uno de los fundadores del socialismo moderno, Pierre-Joseph Proudhom, del que se citan toda clase de atrocidades que preludian la Shoah: los judíos como incompatibles con la raza humana, es decir, “pueblo a exterminar” (sic) del planeta o, como mínimo, a meterlo en una reserva en Asia.

Se sigue el hilo de toda la tradición que va de Edouard Drumont a Carlos Marx (nunca hay que olvidar Sobre la cuestión judía, 1843)

Estas ideas son recogidas por el fascismo de entreguerras, que se queda con el santo y la peana. Sin embargo, a partir de la Guerra de los Seis Días (1967) la izquierda retoma de nuevo su tradición antisemita, en la que sigue instalada hasta hoy. Los países comunistas intensifican los crímenes (el proceso a los Slansky en Praga y Moscú, macrojuicios a médicos judíos acusados de enevenar las aguas o suministrar medicinas mortales…).

La ONU se une a la farsa con su famosa resolución sobre el sionismo como “racismo” (1972), impulsada por la Unión Soviética y sus colonias del “socialismo real”.

Tras la liberación de Berlín y la destrucción del Muro (1989) el antisemitismo se extiende de forma clara por la izquierda occidental, que convierte a Israel en la diana de todos los ataques, el símbolo de un Occidente blanco, soberbio, colonialista y criminal, que le chupa la sangre a las pobres dictaduras petrolíferas musulmanas, entes virginales que resisten como buenos salvajes anticapitalistas (que naden en mares de dinero y petróleo no les entra en la mollera).

En definitiva, un libro que tiene la virtud de seguir la metamorfosis del antisemitismo de izquierdas en Occidente. Ameno, un poco largo, iluminador, imprescindible.

 

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