“Never a borrower nor a leander be” (“Ni te endeudes ni prestes dinero”). Es el consejo que le da Polonio a su hijo Laertes en Hamlet.

Y es la frase con la que se abre “Shylock, ¿el único capitalista honesto?”, otro de los magistrales artículos que Richard Newbury viene publicando en el blog “Views across the Channel” en el periódico italiano La Stampa.

Newbury trata sobre “El mercader de Venecia”, obra del prestamista e hijo de prestamistas William Shakespeare, en la que el dramaturgo se hace una reflexión sobre el capitalismo, la usura y la avaricia.

Resume Newbury:

Antonio, el mercader de Venecia, para financiarle a su amigo Bassanio la dote de Porcia, con la que Bassanio se quiere casar, le pide al judío Shylock un préstamo de 3.000 ducados a devolver en tres meses “con intereses”.

Como garantía le ofrece las naves que tiene comerciando en la India, en Trípoli, en México y en Inglaterra (y que van camino de Venecia cargadas de mercancías). Antonio le entrega los 3.000 ducados “sin intereses” (ya que es un “good Christian”) a su amigo Bassanio. Hay que tener en cuenta que Shylock no tenía los 3.000 ducados, de modo que, a su vez, una parte se la tuvo que pedir prestada, “con intereses”, a otro prestamista judío amigo suyo, Tubal.

A su vez, Antonio le ofrece a Shylock (que acepta), en caso de “default” (en caso de no poderle devolver el dinero a Shylock), una libra de su carne, de la parte del cuerpo que el judío decida.

El público que estaba viendo la obra en el teatro Globe de Londres (situado en la zona del puerto) sabía perfectamente que el riesgo de que los barcos de Antonio no llegaran a Venecia era del 50%.

Cualquier agencia de rating habría calificado las garantías de Antonio de “bono basura”.

El resto es conocido. Las naves de Antonio no llegan a Venecia, Antonio entra en bancarrota, de modo que Shylock reclama el pago del seguro (la libra de carne) al Tribunal de Justicia de los Dogos de la República Serenísima. Nada más lógico si queremos que exista un Estado de Derecho con seguridad jurídica, único marco posible para el desarrollo de una sociedad libre.

Sin embargo, esta justa reclamación le cuesta a Shylock que lo condenen al exilio, y provoca un efecto colateral: la apostasía de su hija Jessica que aprovecha para escaparse con el cristiano Lorenzo (y con la caja de caudales de su padre).

Como escribe Newbury:

Los cristianos aparecen como estafadores, que roban y abusan del sistema legal. El judío, sin embargo, lo que quiere es que se apliquen las leyes en que se funda el capitalismo, y que lo separan del gangsterismo y la piratería.

El judío Shylock se revela como el único hombre honesto en un universo de cristianos ladrones y fraudulentos, carentes de la más mínima “ética del capitalismo” weberiana. Los 3.000 ducados que le han estafado le sirven a Bassanio para entrar en el “mercado global” a través de la adquisición de la mano de Porcia (bono AAA, ya que viene avalada por los CDS de su padre, rico de familia).

Y ahora, que cada uno saque las consecuencias que quiera sobre la situación de la deuda en Europa en estos momentos.

 

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