Ya hemos hablado varias veces de la situación que vive el mundo del cine en Irán, ante el silencio cómplice de sus colegas occidentales.

Se trata de una auténtica purga, que lleva a cabo escrupulosamente el Gran Inquisidor Ministro de Cultura Javaq Shamaqdari.

Jafar Panahi (León de Oro en el Festival de Venecia) sigue en la cárcel, cumpliendo 6 años de prisión por visitar las tumbas de las víctimas de la represión de los ayatolas y por haberse puesto una bufanda turquesa (símbolo de la resistencia) en el Festival de Montreal. No ha aceptado irse al exilio, que es donde están los mejores directores de Irán: Mohsen Makhmalbaf, Shirin Neshat, Mariane Satrapi, Babak Payami o Bahman Ghobadi.

Otros represaliados recientemente han sido: la directora Mahnaz Mohammadi, arrestada en junio, Mojtaba Mirtahmasb, al que se le ha retirado el pasaporte, o la actriz Marzieh Vafamehr, condenada a 1 año de cárcel y 90 latigazos por haber participado en 2009 en una película crítica al régimen en la que, además, aparecen discotecas y bebidas alcohólicas:

Desde la quema del cine de Abadán en 1978, que causó 400 muertos, incitada por Jomeini, no se ha visto una situación más insoportable en Irán.

Los suicidos, como ya hemos comentado, están a la orden del día.

 

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