Metro, 22 abril 2010 – Johan Norberg: “Ge inte pengar till otursamma flygbolag” [Traducción: Emilio Quintana]

Los aeropuertos suecos están paralizados, pero las oficinas del Närings departementets (Ministerio de Industria, Energía y Comunicaciones) registran un tráfico denso. Las compañías aéreas tienen problemas y solicitan ayudas estatales.

Ser contribuyente está empezando a ser un trabajo agotador. Primero fue el dinero que en algunos países se les dio a los bancos para que cubrieran pérdidas. Después vinieron las ayudas pedidas por Saab, una empresa automovilística que estaba mordiendo el polvo, a la que los contribuyentes suecos se vieron obligados a garantizar un préstamo de mil millones de coronas para que el nuevo propietario se la pudiera comprar a sí mismo. Más tarde, se ha sabido que el gobierno griego ha estado jugando con sus presupuestos y que necesita miles de millones de euros y la ayuda del FMI. Y ahora son las compañías aéreas las que llaman a la puerta y preguntan que qué hay de lo suyo, que si podemos darles algo.

En nuestro mundo parece que todos quieren vivir a costa de los demás. Pero esto no afecta a todos por igual. Nuestras carteras se consideran de propiedad pública, a disposición del gigante que pueda crear el pufo más grande y tenga grupos de presión más eficientes y mejores contactos con el poder.

Es posible entender a las compañías aéreas. No podían prever que un volcán en Islandia iba a paralizar todo el tráfico aéreo. Es un caso de mala suerte. Pero estas compañías pasan también por rachas buenas, cuando el tiempo acompaña y pueden contratar más paquetes de vacaciones, o cuando el ciclo económico permite que más gente pueda viajar. ¿Se dirigen entonces de alguna forma al Gobierno para anunciar que están dispuestas a devolver las ayudas con los nuevos beneficios?

Lo cierto es que hay demasiadas compañías aéreas. El año pasado perdieron en conjunto unos 190 millones de coronas al día. Darles más dinero no tiene sentido para el tráfico aéreo -los planes, las rutas y el personal pueden emplearse de inmediato en una competencia más eficiente.

Sólo hay una forma de subsidiar a los accionistas y a los acreedores. Pero la racionalización del mercado se encuentra con el arcaico obstáculo de que cada país considera parte de su prestigio nacional tener una flota de aviones con su propia bandera. En febrero de este año, el Gobierno sueco le regaló mil millones de coronas de nuestro bolsillo a SAS, para evitar las pérdidas derivadas del accidente aéreo que había sufrido.

Los peor que podrían hacer los políticos europeos una vez pasada la erupción volcánica es subvencionar con más dinero público a compañías que deberían entrar en quiebra, porque este dinero se convertirá en humo otra vez.

 

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