
Metro, 7 marzo 2013 – Johan Norberg: “Chavez var ingen frihetshjälte” [Traducción: Emilio Quintana]
Pocos minutos después de la muerte del presidente de Venezuela, el Aftonbladet -periódico de la izquierda radical sueca- lo calificaba como “en av de största frihetshjältarna” ["uno de los más grandes héroes de la libertad - libertadores"]. El autor del artículo, Kalle Holmqvist, es el creador de un imán de nevera, para celebrar los logros del socialismo del gran líder.
Está claro que la fascinación por los hombres fuertes vestidos de uniforme, que seducen ofreciendo pan y circo, no es cosa del pasado. La carrera del teniente coronel Chávez empezó en 1992, cuando encabezó un golpe militar fallido. Prometió que volvería, para acabar con el gobierno electo. Fundó un partido político. Le sería más fácil llegar al poder a través de las urnas.
Chávez ha mantenido la celebración de elecciones después de que ganó las presidenciales de 1998. Sin embargo, lo mismo que su amigo Putin hizo en Rusia, se dedicó a crear una “demokratur” (“democratura”; nota: palabra sueca que une los conceptos de “democracia” y “dictadura”), en la que fue desmontando todas las trabas al ejercicio de su poder: la Constitución, la independencia judicial, los medios de comunicación. Sus conmilitones han dicho repetidamente que Chávez no aceptaría la posibilidad de no ser elegido por el pueblo. Amnistía Internacional o Human Rights Watch han documentado la forma en que ha ido cerrando los medios de comunicación opositores, así como persiguiendo a los disidentes.
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Svenska Dagbladet, 10 febrero 2013 – Paulina Neuding: “Glöm inte det goda, fina hatet” [Traducción: Emilio Quintana]
Las expresiones de odio en la red y las amenazas a personas que participan activamente en el debate público se están convirtiendo en un problema importante. Pero cuando Uppdrag granskning [una especie de "Informe Semanal" de la TV sueca, SVT] le dedicó su último programa, restringió su perspectiva a los casos de mujeres atacadas por tener opiniones de izquierdas.
La expresión del odio en la red, pueden creerme, afecta también a las mujeres que no somos de izquierdas. Eso es algo que tenemos en común. La diferencia estriba en que el odio hacia nosotras se canaliza muchas veces a través de los propios medios de comunicación establecidos.
Algunos ejemplos. El verano pasado, Sara Skyttedal, vicepresidente de Kristdemokraternas ungdomsförbund [las Juventudes Democristianas suecas], se mostró crítica con el Pridefestivalen [Festival del Orgullo Gay]. Es un Festival que se centra en el exhibicionismo y el sexo, algo que no beneficia los gays, dijo. Sara fue sistemáticamente sometida a todo tipo de ataques injustificados y extremadamente violentos por parte de periodistas y blogueros que trabajan en medios de comunicación establecidos. Alexander Bard [músico de ideas progresistas] escribió: “”WHO ASKED YOU FOR YOUR FASCIST OPINION? We are NOT HERE TO PLEASE YOU! Fuck off, BITCH!” ["¿QUIEN TE HA PREGUNTADO NADA FASCISTA? NO ESTAMOS AQUI PARA DARTE GUSTO! Que te follen, PUTA!"].
Este problema no afecta sólo a las mujeres. El verano pasado, la publicación de izquierdas Galago [revista de cómic] bromeó con la idea de que había que pegarle un tiro al editorialista [del Svenska Dagbladet] Per Gudmundson. Cuando el periódico llevó el caso ante la Justicia (JK) se burlaron de que Gudmundson se hubiera ofendido tan fácilmente. Simon Forst, político local del Vänsterpartiet [una especie de IU sueca], concejal y diputado provincial de Pajala y Norrbotten [norte de Suecia] escribió en Twitter: “Alla tänkande människor förespråkar väl Per Gudmundsons avrättning?” ["Acaso la gente de buen juicio no está a favor de la ejecución de Gudmundson?"].
El sitio Vita kränkta män se dedica sistemáticamente a poner en la picota y someter a escarnio a todas las personas que su administrador considera que no son suficientemente de izquierdas. Tanto la web como su autor son celebrados como divertidos y progresistas por parte de los medios de comunicación tradicionales.
La bloguera conservadora Alice Teodorescu ha recibido amenazas de muerte por sus opiniones sobre la integración y la igualdad -en buena parte porque Alice no es feminista. Hay quien ha escrito que hay que “cargar el rifle” si te la encuentras, y se la acusa de escribir cosas que “fomentan el odio de clase”.
A Johanne Hildebrandt, que escribe también en el SvD, la han amenazado con violarla y asesinarla. Según ella misma dice, los mamporreros de internet llegan cada vez que Åsa Linderborg o Jan Gillou la acusan de “belicista” en el Aftonbladet.
“El odio de la izquierda es el peor”, me ha dicho cuando nos hemos visto esta semana. “Están convencidos de que su superioridad moral les permite insultarte impunemente”.
Gente que estaría dando gritos si a Skyttedal, Teodorescu, Hildebrandt o a mí, nos pagaran menos que a un hombre, o nos hicieran mobbing en el trabajo, no dudan en escribir que somos idiotas, asquerosas y fascistas. Este comportamiento no se limita a los troles de internet. Cuando el tabloide Aftonbladet dedica dos artículos a buscar similitudes entre yo y el noruego Anders Behring Breivik -el asesino de niños- siento lo mismo que Johanne Hildebrandt: que este tipo de comparaciones fomentan ataques cada vez más agresivos por parte de los que buscan el odio. Lo mismo que cuando Simon Forst [político del Vänsterpartiet] escribe que ”inga moderater förtjänar nåt annat än bly” ["los del partido conservador sólo merecen una bala"].
Este es el odio de la izquierda. Ese odio “bueno” y refinado, que afecta tanto a hombres como a mujeres, culpables de no ser suficientemente pacifistas, progays, feministas, o simplemente porque no son progres.
Islam och liberalismen (“islam y liberalismo. Estocolmo, Timbro, 2013) es el título del nuevo ensayo que Carl Rudbeck publica en la editorial sueca Timbro.
Son 70 páginas en las que el autor defiende la posibilidad de encontrar un punto de encuentro entre dos ideas que, a primera vista, parecen incompatibles.
Rudbeck cifra su esperanza en las nuevas generaciones de musulmanes que viven en Europa y los Estados Unidos, que pueden iniciar un proceso de modernización del Islam, tomando como base las sociedades en las que viven. Frente a los escépticos, argumenta que el futuro del Islam se está fraguando en Malmö, París, Hamburgo, o Marsella.
Hay mucho de Bernard Lewis en este ensayo, aunque está claro que Rudbeck es mucho más optimista (“ingenuo” lo están llamado muchos en Suecia) que el norteamericano:
Metro, 24 enero 2013 – Johan Norberg: “Förvirrad debatt om nyliberalism” [Traducción: Emilio Quintana]
Se ha hablado mucho últimamente sobre neoliberalismo en Suecia, a propósito de las propuestas del Centerpartiet sobre libertad de inmigración y bajada de impuestos. O mejor dicho, se le han lanzado acusaciones de neoliberalismo. Pero lo cierto es no hay nadie que se llame a sí mismo neoliberal, ese es un término que usan otros para atacar a los que ellos piensan que son demasiado liberales.
Se trata de un concepto confuso, ya que en buena lógica un socialdemócrata como Göran Persson ha sido llamado neoliberal porque no quería subir más los impuestos. Si por “neoliberalismo” se entiende abogar por una mayor libertad económica y personal -lo que implica que tanto Reinfeldt (primer ministro, conservador) como Löfven (líder del Partido Socialdemócrata sueco, en la oposición) deben permanecer lo más lejos que se pueda de nuestras carteras y dormitorios-, entonces se trata de un término redundante. Estamos hablando simplemente de liberalismo, es decir, de lo que los agricultores, burgueses y trabajadores suecos pensaban sobre la empresa, el libre comercio, la libertad de prensa o la libertad de la migración en la segunda mitad del siglo XIX.
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Metro, 13 diciembre 2012 – Johan Norberg: “Tama gäss hamnar hos slaktaren” [Traducción: Emilio Quintana]
El Gobierno sueco estaba contemporizando con Hitler y los grandes periódicos, tanto los burgueses como los socialdemócratas, le pedían que hiciera concesiones. Hay quien lo hacía para que Suecia se mantuviera fuera de la guerra, otros para guardarse las espaldas en caso de que el conflicto terminara llegando a Suecia. Fue entonces cuando Torgny Segerstedt (1876-1945) cogió la pluma y empezó a repartir mandobles desde las páginas del Göteborgs Handels- och Sjöfartstidning. “No os voy a dejar en paz” (“Här skall tjatas”), escribió. Y estuvo dando la lata de tal forma que el propio Göring elevó una protesta, mientras Churchill lo leía con entusiasmo.
Segerstedt es una de los grandes suecos del siglo XX. Ahora se vuelve a hablar de él, gracias a la película de Jan Troell “Dom över död man” (“Juicio a un hombre muerto”). Fue una de las pocas personas del aparato administrativo sueco que luchó contra el nacionalsocialismo desde el primer momento. Cuando muchos suecos veían en Hitler a un hombre fuerte, él solo veía odio y violencia pura, “en förolämpning” (“un insulto”).
- Contrautopía es una publicación online de análisis cultural desde una perspectiva libertariana. ISSN: 2000-9445
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